Desde su apertura en 1943, el Teatro de la Universidad Católica (TEUC) ha sido un espacio de creación teatral que combina las exigencias de un teatro profesional con los compromisos universitarios. Por una parte, el TEUC se constituye como un teatro que habita la ciudad, abierto y acogedor para todo el público. Por otra, se trata de un espacio de reflexión y de búsqueda, de interrogaciones e investigación, un lugar que recoge el espíritu universitario y que se encuentra íntimamente ligado a la Escuela de Teatro.
Grandes textos. Macbeth y Ricardo III de Shakespeare, La celestina de Fernando de Rojas, o El Rey se muere de Ionesco son parte de la memoria espiritual de la humanidad. En ellos se presentan y se representan los conflictos vividos por los seres humanos de todos los tiempos. Ahí encontramos lo que somos y lo que hemos sido. Es por ello, que ponerlos en escena es una tradición y uno de los compromisos esenciales del Teatro de la Universidad Católica.

Representar un texto clásico es hacerlo dialogar con el presente. Es establecer los vínculos estéticos para que sea aprehendido y comprendido por el público contemporáneo. Es encontrar la lectura que lo actualice, que lo vuelva moderno y elocuente. Y ello acompañado de una hipótesis de investigación que oriente el trabajo escénico.

Innovación del lenguaje teatral El segundo de nuestros compromisos es dar espacio a proyectos que recorran los límites del teatro, que lo pongan en crisis, que lo obliguen a definirse y redefinirse. No se trata de innovar por innovar. La experimentación escénica es un ejercicio epistemológico. Se trata de perturbar las convenciones, de provocar nuevas lecturas y nuevas percepciones.
La dramaturgia chilena. No hay teatro chileno sin dramaturgia chilena. Esta frase de don Eugenio Dittborn compromete al Teatro de la Universidad Católica a dar un lugar importante en su programación a los autores nacionales. Estos textos escritos, en una relación directa e inmediata con la realidad del país, ayudan a construir la memoria colectiva.

Son reactivos, configuran la dramaticidad de nuestra época; ponen en discusión los temas y los conflictos, la zonas dolorosas de nuestra sociedad. Un texto dramático no es una lectura objetiva de un conflicto social, pero es un punto de vista que permite generar una reflexión, desencadena una discusión, sostiene una mirada. A través de los autores nacionales, vamos elaborando simbólicamente nuestros traumas.